Braval

Catalán Castellano

El otro Raval

Susana Quadrado. La Vanguardia, 24.03.2018. p.32
24/03/2018
Braval representa lo más genuino del voluntariado y un asidero para chavales que quieren salir de la miseria

Habla claro, sin medias tintas, mirándome a la cara. Sin dramas, cuenta cómo se vive cada día en las calles del Raval. Sonríe. “No es lo que suelen recoger los periodistas, que a veces sólo explicáis el conflicto y la denuncia”. La primera, en la frente.
 
Coincido con Pep, de Braval, en unas jornadas donde charla gente que sabe bien qué supone ser inmigrante y pasarlas canutas. Parece que a Pep le conocen todos. Me brinda un saludo con su mano derecha. Con la izquierda, me regala un librito que ha escrito, 20 històries de superació al Raval. "Aquí está todo. Cumplimos 20 años".
 
Entre las primeras páginas, cuatro datos: el Raval tiene 48.000 habitantes. Más que en Figueres, Vic o Salt. En 1,1 kilómetros cuadrados. Casi la mitad son inmigrantes.
 
Pep es Josep Masabeu. Él y otros 160 voluntarios son Braval. Y Braval, a su vez, es el otro Raval. El Raval que no sale en la tele, el que se construye sobre el refrán de que el roce hace el cariño. Este barrio donde más de 30 entidades, 30, "son la razón de que los problemas no han estallado", dice Pep. La red social. El sentido de comunidad.
 
Braval es una pequeña revolución grande. Su eje es el deporte. Los chicos se acercan al local de la calle de la Cera porque quieren jugar a baloncesto o a fútbol. Vaya si ha corrido la voz. Esta temporada, Braval ya tiene doce equipos. Multiétnicos. Con jugadores de 15 países, de nueve religiones y que hablan 10 lenguas diferentes. Compiten en la liga del Consell de l'Esport Escolar de Barcelona, contra niños de otros barrios. "Pedimos a la Federació si podían competir a más nivel. Nos dijeron que no. ¿Y sabes con qué argumento? Que en nuestros equipos había más de dos extracomunitarios".
Oh.
 
Nada y todo diferencia a esos chiquillos de los otros a los que disputan las copas en las finales. Los de Braval no tienen ni idea de qué significa eso de la zona de confort, ese colchón mullido de unos padres o de un entorno estable. En algún caso, no tienen ni agua corriente en su piso. La educación es su asidero. El deporte, el desenlace. Si no estudian, no juegan, y si no juegan, lo probable es que "pasen" de estudiar: un círculo virtuoso que se cierra cuando ven que puede existir un futuro porque lo ha habido para otros como ellos, quizá ex jugadores.
 
¿Qué los salva? "El contacto. La mezcla hace posible la relación personal. Poco a poco se abren puertas y se consolida una amistad. Xakir, Abdelalim, Kim, Ossama, Kevin... tienen en el voluntario un referente: Pau, Jordi, Javier, Zikan".
 
Lo de menos es ganar o perder. Lo de más, que quien nace sin apenas nada aprenda a que de ahí se sale si alguien te echa una mano... O un balón.
 
"La esperanza es la gente. Con egoístas, nunca conseguiremos una sociedad cohesionada".
 
Pep se despide con un alegato contra los prejuicios. Me invita a que cualquier tarde vaya a la biblioteca de la calle del Carme: "Es como si entraras en Kandahar. Por internet consultan los diarios en urdú. Habla con ellos y te sorprenderás: 'jo soc metge i estic treballant de paleta'; 'jo soc físic i...'".
 

 


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