Braval

Catalán Castellano

Multiculturalismo sin culpa

Norbert Bilbeny. La Vanguardia, 26.06.2017. p.21
28/06/2017
Los estados “multiculturales”, como Canadá o Nueva Zelanda, han sufrido menos atentados yihadistas que los otros, como Francia o Alemania, “monoculturales”.

Cuando no se puede o no se quiere hallar la causa de un conflicto suele culparse a un tercero, a una conspiración, a un fantasma. La maldición recae ahora sobre el islam y el multiculturalismo, erróneamente identificado con el apoyo de lo foráneo en detrimento de lo propio. En otras fechas la maldición pesó sobre el comunismo o el liberalismo. En España, históricamente, sobre judíos, moros, indios, gitanos y masones, para no retraernos a Indíbil y Mandonio. Recordemos que el liberalismo fue “pecado” en la España del XIX y el comunismo el “demonio” en la del XX.
 
Ahora le toca al multiculturalismo, asociado con la condescendencia hacia las reales o presuntas conductas irregulares de residentes extranjeros o de nacionales de origen extranjero. De modo que a la vez se rechazan: pluralismo, tolerancia, integración, mundialización (no confundir con la neoliberal “globalización”) y un día puede venir hasta la democracia misma.
 
No es país para viejos, se titula la película –cumple diez años- de los hermanos Coen. Pues bien: no es ahora el mundo un país para gente cosmopolita, tolerante e interesada por el otro. (…)
 
Multiculturalismo es respeto y apoyo de la diversidad cultural. Lo opuesto al monoculturalismo, que identifica la identidad nacional con la cultural y confunde la integración democrática con la dura y contraproducente –hoy produce yihadistas- asimilación.
 
¿Cómo oponerse a ello en una época en que la población se concentra en las ciudades y estas son pluriétnicas? El reto es hacer compatible la diversidad con el respeto a las normas comunes y a la cultura histórica de cada país, que por cierto es el resultado del ensamblaje. Así son la cultura “europea”, la “occidental”, y el mismo cristianismo.
 
Por ello la mejor fórmula es evitar aquel tipo de multiculturalismo que subraye las diferencias y conduzca al gueto, y reforzar, en cambio, al potenciador de la interculturalidad, el diálogo y el pacto. Todo un reto y parte de la solución al yihadismo.
 


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